Con esta publicación comienza una nueva etapa en este blog.
Y, curiosamente, ayer también se celebró la Noche en Blanco de Badajoz.
Mientras terminaba de preparar este primer artículo y, siendo sincera, es probablemente el artículo que más me ha costado escribir de toda la temporada, me di cuenta de que, en realidad, lo que me estaba costando era decidir por dónde empezar esta nueva etapa.
Después de darle muchas vueltas, me he dado cuenta de que la mejor forma de hacerlo era, simplemente, darte la bienvenida.
A partir de esta entrada, cada semana encontrarás por aquí un nuevo artículo.
Algunos hablarán sobre música clásica y otros sobre gestión cultural. Y muchos otros partirán de una pregunta, una curiosidad o una conexión inesperada.
Siempre me han fascinado los lugares en los que se encuentran disciplinas aparentemente distintas.
Quizá por eso me resulta tan natural pasar de Chopin a Julio Iglesias, de una sinfonía de Mahler a la experiencia de un festival, o de una copa de vino a una reflexión sobre cómo vivimos la cultura.
De hecho, mi trayectoria profesional transcurre actualmente entre la gastronomía y la gestión cultural. Dos ámbitos que, aunque a primera vista parezcan alejados, comparten mucho más de lo que solemos pensar. Ambos buscan vivir una experiencia que merezca la pena recordar y compartir. Pero ya te contaré sobre este tema 😉.
En fin, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda.
Solo quería darte la bienvenida a esta nueva etapa y decirte que me hace mucha ilusión volver a compartir este espacio contigo.
Gracias por pasarte por aquí, por leer y por acompañarme una temporada más.
Espero que disfrutes de los artículos tanto como yo estoy disfrutando escribiéndolos.
Y ahora sí.
¿Qué se entiende por cultura?
La palabra cultura la usamos tanto que damos por hecho que sabemos perfectamente lo que significa.
Si te pregunto qué es la cultura, seguramente se te ocurran unas cuantas cosas.
Un concierto.
Una exposición.
Un libro.
Una obra de teatro.
Un museo.
Pero también una receta que pasa de generación en generación, una fiesta popular, una forma de hablar, una canción que todo el mundo conoce o incluso esa costumbre familiar que nadie sabe muy bien de dónde viene, pero que se sigue haciendo todos los años.
Y aquí empieza el problema.
Porque una cosa es saber reconocer la cultura cuando la tenemos delante y otra bastante distinta es explicar qué es.
Yo misma me he encontrado muchas veces con este problema. Sobre todo porque trabajo en un ámbito en el que la palabra «cultura» aparece constantemente.
Gestión cultural.
Políticas culturales.
Programación cultural.
Industrias culturales.
Acceso a la cultura.
La utilizamos para hablar de muchísimas cosas y, sin embargo, pocas veces nos paramos a preguntar qué estamos queriendo decir realmente cuando la utilizamos.
Y si haces esa pregunta a varias personas, probablemente obtengas respuestas completamente diferentes.
Para alguien que trabaja en un museo, la cultura puede estar muy relacionada con el patrimonio.
Para un músico, con la creación y la interpretación.
Para un antropólogo, con las costumbres y las formas de vida.
Para alguien que trabaja en educación, con la transmisión de conocimientos.
Y para muchas personas, simplemente, con aquello que hacemos, compartimos y aprendemos como sociedad.
Lo curioso es que todas esas respuestas pueden ser correctas.
Quizá por eso definir la cultura sea bastante más complicado de lo que parece.
De hecho, no es un problema nuevo.
Edward B. Tylor, uno de los primeros grandes antropólogos, ya hablaba en el siglo XIX de la cultura como un «todo complejo» que incluye conocimientos, creencias, arte, leyes, costumbres y otros hábitos adquiridos por las personas como miembros de una sociedad.
Y la UNESCO también ha intentado explicar la cultura incluyendo aspectos como los valores, las tradiciones, las formas de convivencia y nuestras maneras de entender el mundo.
Es decir, que cuando hablamos de cultura no estamos hablando únicamente de ir al teatro un sábado por la noche.
Y esto, que puede parecer bastante obvio, tiene más importancia de la que parece.
Porque si pensamos que cultura es solamente aquello que ocurre dentro de un museo, en un auditorio o encima de un escenario, estamos dejando fuera una parte enorme de lo que realmente somos.
La cultura también está en cómo celebramos, en cómo contamos nuestras historias, en lo que enseñamos a nuestros hijos, en las cosas que decidimos conservar y en las que dejamos desaparecer.
Está en una canción.
En una receta.
En una fiesta.
En un libro.
En una conversación.
Y sí, también en un concierto.
La propia Real Academia Española recoge varias acepciones de la palabra. Una de ellas define la cultura como el «conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico». Otra habla del «conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico e industrial, en una época o grupo social».
Y me gusta especialmente que aparezca esa primera idea: desarrollar el juicio crítico.
Porque quizá la cultura tenga que ver, en buena medida, con eso.
Con darnos herramientas para mirar lo que nos rodea y preguntarnos por qué las cosas son como son.
Para entender de dónde venimos.
Para descubrir otras formas de vivir.
Para cuestionar algunas de las nuestras.
Para emocionarnos con algo que no conocíamos.
Y, también, para descubrir que aquello que creíamos que era «normal» quizá no sea tan normal en otro lugar, en otra época o para otra persona.
Por eso cada vez me cuesta más pensar en la cultura como una lista de actividades a las que asistimos.
La cultura no empieza cuando se abre la puerta de un teatro.
Ni termina cuando se encienden las luces.
Es mucho más cotidiana que todo eso.
Y quizá precisamente por eso sea tan difícil definirla.
Porque, al final, la cultura no es solamente algo que hacemos. También es el lugar desde el que miramos lo que hacemos.
Y ahora viene la pregunta que, para mí, resulta todavía más interesante:
si la cultura está en tantas cosas, ¿qué hace que una experiencia cultural merezca realmente la pena?
Y aquí vuelvo al principio de este artículo.
A la Noche en Blanco de Badajoz.
Porque, pensándolo bien, quizá no sea casualidad que esta nueva etapa del blog empiece precisamente el día después de una noche en la que una ciudad entera sale a la calle para encontrarse con la cultura.
Pero esa pregunta merece algo más que una respuesta rápida.
Merece que le dediquemos un poco de tiempo.
Ahora me gustaría saber ¿qué es para ti la cultura?
Además, te dejo mi artículo sobre Romeo y Julieta
Espero que te guste.