Hay algo que me ronda la cabeza desde que empecé el doctorado: muchas veces pensamos que la música es solo algo que “acompaña”, pero en realidad, para muchas personas —y especialmente en la jubilación— es mucho más que eso.
Mi investigación va precisamente de ahí.
Estoy trabajando con personas mayores en Extremadura para entender qué papel tiene la música clásica en su vida y, sobre todo, cómo influye en su bienestar.
No desde un enfoque frío o de laboratorio, sino desde lo cotidiano: lo que escuchan, lo que sienten, lo que recuerdan, lo que comparten.
Y cuanto más avanzo, más me doy cuenta de que hay mucho que no estamos viendo.
Lo que estoy empezando a descubrir
Una de las primeras cosas que me ha sorprendido es que no hay una única forma de relacionarse con la música.
Cada persona tiene su historia.
Hay quienes han crecido con ella y la tienen completamente integrada en su vida, y otras que se han acercado más tarde, casi por casualidad.
Pero hay algo que se repite bastante: la música está muy presente en el día a día.
No como algo puntual, sino como parte de la rutina.
Como quien enciende la radio por la mañana o elige una pieza concreta para un momento del día.
Está ahí, de fondo… pero a la vez muy en primer plano.
Y luego hay algo que me parece especialmente bonito: muchas personas no hablan de la música como “ocio”, sino como compañía real.
Como algo que les acompaña en casa, que les ayuda a organizar el tiempo, que hace que los días tengan otro ritmo.
Eso sí, también hay contradicciones. Por ejemplo, hay interés por la música en directo, pero no siempre es fácil acceder a ella.
A veces por cuestiones prácticas, otras porque sienten que esos espacios no están pensados para ellas.
Y ahí hay un reto importante.
Cómo viven la música
Si tuviera que resumirlo en una idea, diría que la música se vive con mucha intensidad.
Aparecen recuerdos constantemente.
Una obra puede llevar a una etapa concreta de la vida, a una persona, a un momento muy específico.
Es como si la música guardara pequeñas cápsulas de memoria.
Pero no todo es pasado.
También hay presente, y mucho.
Hay curiosidad, ganas de seguir descubriendo, de entender lo que escuchan.
Incluso sin formación musical, hay una escucha muy atenta, muy implicada.
Y luego está la parte social, que a veces se nos olvida.
La música conecta. Ir a un concierto, comentar una pieza, recomendar algo… son pequeñas cosas que generan conversación y vínculo.
Y eso, en la jubilación, tiene muchísimo valor.
¿Por qué puede influir en el bienestar?
Sin complicarlo demasiado, lo que estoy viendo encaja bastante con algo que intuitivamente ya sabíamos:
- A nivel emocional, la música ayuda a canalizar lo que sentimos. A veces incluso a entenderlo.
- A nivel mental, mantiene la mente activa. Escuchar música no es pasivo, aunque lo parezca.
- Y a nivel social, crea momentos compartidos, temas de conversación, espacios de encuentro.
La música clásica, en concreto, tiene algo especial en cómo te invita a parar, a escuchar con más calma, a entrar en la obra.
Y eso, en una etapa donde el tiempo cambia de ritmo, puede tener mucho sentido.
Lo que me está enseñando todo esto
Si soy sincera, esta investigación no solo me está dando resultados, también me está cambiando la forma de mirar.
Estoy descubriendo la música a través de las personas mayores.
Me está enseñando a escuchar de verdad. A no dar nada por hecho. A entender que la relación con la música —y con la cultura en general— es mucho más profunda de lo que a veces pensamos desde fuera.
También me está haciendo cuestionar algunas ideas del propio sector cultural.
Hablamos mucho de “crear públicos”, pero muchas veces esos públicos ya existen.
Lo que falta no es interés, sino oportunidades reales para participar.
Y, sobre todo, me está recordando algo importante: envejecer no significa desconectar, sino transformar la manera en la que participamos en el mundo.
Para terminar
Cada vez tengo más claro que la cultura no es un extra.
No es algo “si hay tiempo”. Es parte del bienestar, del sentirse conectado, del seguir teniendo curiosidad.
Y si hablamos de envejecimiento activo, no podemos dejar fuera la música, los conciertos, las experiencias culturales que hacen que la vida siga teniendo estímulos, emoción y sentido.
Seguir investigando en esto es, para mí, una forma de acercarme un poco más a esa idea: que la música no sea un lujo ni algo lejano, sino algo realmente presente en la vida de las personas, en todas sus etapas.
Como dice el título de este artículo, estoy muy feliz de estar "Descubriendo la música a través de las personas mayores".
Os comparto el artículo sobre mi libro por si lo queréis comprar 😉: Dejen de salvar la música clásica